Bodas de oro de la promoción de 1967 de Valdecilla ¡ Que recuerdos !

Han transcurrido ya dos meses desde la ultima vez que me asome a este ventana de comunicación,  que es mi blog.  La razón no ha sido otra,   que he dedicado todo este tiempo y mi sentimiento  a acompañar a mi  madre en el ultimo viaje  de su vida. Tiempo triste, pero gozoso al mismo tiempo,  que me ha  permitido  sentirme satisfecha por haberle podido devolver de alguna manera, aunque sea muy mínima,  todo lo que ella ha hecho por mi a lo largo de sus noventa y siete años de vida, que ha sido muchísimo.

Podría contaros muchas cosas alrededor de esta intensa experiencia, pero prefiero dejarlo para otra ocasión. Ahora todavía estoy poniendo en orden tantas emociones que necesito algo mas de tiempo y poner un poco de distancia emocional. Pero si me gustaría compartir otra experiencia muy reciente y emotiva también porque hemos celebrado el 50 aniversario de mi promoción de enfermería en Santander.

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Celebrábamos  los cincuenta años de haber acabado la carrera de enfermeras (en su día ATS). La celebración la hicimos en Santander, porque fuimos alumnas del Hospital de la Casa de Salud Valdecilla, como se llamaba en aquel momento. El interés que pusieron nuestras compañeras de Cantabria en organizar el evento, hizo que pasáramos un  día absolutamente  maravilloso. De las 56 alumnas que conformábamos la promoción, asistimos a la efeméride unas 35 compañeras.

Algunas del grupo hicimos un recorrido por todas las instalaciones del Hospital, totalmente transformado, pudiendo  comprobar que se mantiene toda la parte antigua muy bien conservada y bien combinada con toda la parte nueva. La mayor decepción fue la entrada del Hospital que ha sido sustituida por un edificio mastodóntico,  que se contrapone totalmente a la entrada ajardinada que existía en los años 64-67.

Fue muy curioso el encuentro tras cincuenta años,  en el que muchas no nos reconocíamos, pero ya se ocuparon las organizadoras de poner un cartel a cada una para que no hubiera dudas. Lo fundamental y lo que mas me gusto, fue la emotividad con la que todas nos encontrábamos y todos los recuerdos que fueron aflorando a lo largo de la jornada.

Quiero destacar fundamentalmente que todas recordábamos  muchas anécdotas que lo corroboraban. Entre otras, el sistema disciplinario que vivimos durante los tres años que duro nuestra formación en régimen de internado, que mas se parecía a la disciplina dura, durisima,  de un cuartel que al  de una Escuela de Enfermeras.

Durante esos tres años,  solamente disfrutamos de un mes de vacaciones,  repartidas en dos tandas de quince días. Es decir, a los cuatro meses de llegar hacíamos vacaciones durante quince días, coincidiendo con la Navidad, y hasta el año y medio siguiente,  coincidiendo con el verano, no hubo mas vacaciones.  Respecto a  las guardias de  noches, cada tres meses aproximadamente hacíamos 30 noches seguidas, sin ningún tipo de descanso. Ademas de estudiar,  hacíamos los turnos normales de trabajo en el Hospital, ya que apenas había enfermeras tituladas. Estos son solo algunos pequeños ejemplos de los muchos que podría contar. ¡ Cómo no ibamos a salir bien formadas!

A  pesar de todo lo duro que pudo ser, al recordar todas nosotras aquellas experiencias, todas nos mostrábamos satisfechas de la formación recibida y de todo lo que aquello había supuesto para nuestro crecimiento como profesionales y como personas.

Pudiera ser que no estuviésemos tan sensibilizadas como sucede ahora, respecto de algunos derechos, En aquel momento, lo cogías o lo dejabas y no tenias otra oportunidad.

Hoy en día esta situación seria, ademas de ilegal,  absolutamente impensable,  sin embargo, a pesar de la dureza disciplinar que se nos aplicaba,  al parecer,  nadie se había sentido traumatizada. Y en este punto, cada uno podríamos sacar nuestras propias reflexiones….. cuando en la sociedad actual se miden tanto las cosas, muchas veces por defecto, para no frustrar a los jóvenes. ¡ Ni tanto, ni tan calvo!

 

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