Permisividad ante el consumo de alcohol en menores

Recién finalizadas las Fiestas Navideñas, he comprobado un año más el gran tirón que tienen las Galas que se organizan para los jóvenes con motivo de Fin de Año, donde bares, discotecas  y cotillones se abarrotan en la madrugada del 1 de Enero con mayores y menores de 16 años. La Publicidad que ofrecían estos eventos indicaba qué tipo de bebida se sirve en cada cotillón. Incluso en algún periódico se anunciaba la organización de una “Fiesta secreta”, con todo el morbo que tiene el tema, y en la que estaba prevista la asistencia de más de mil personas, aunque finalmente, y por suerte para todos, se anuló por haber percibido la policía que no cumplía las medidas de seguridad establecidas.

No pasa un año sin que los cotillones o este tipo de Fiestas tan tumultuosas no sean noticia por las catástrofes que ocurren, como consecuencia muchas veces de la mala organización, y no pocas veces por los problemas creados por causa del alcohol, aunque por desgracia no se incida suficientemente en ello y pase bastante desapercibido.

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Estas noticias me traen a la memoria la tan reciente muerte de aquella niña de 12 años que falleció por un coma etílico durante un botellón. Me parece intolerable que se siga permitiendo organizar eventos tipo cotillón, o como se le quiera llamar, para menores de 16 años.

Me suenan a pura farsa todas las lamentaciones que llegan tras cualquier suceso de estas características, por parte de padres, madres, ciudadanos o ciertos representantes políticos. Todos sabemos cuáles son los patrones de consumo del alcohol y a qué se deben, pero sin embargo, se sigue promocionando las bebidas alcohólicas en los medios publicitarios. Y se continúan organizando festejos anunciados a bombo y platillo en los que el elemento fundamental de la fiesta es el alcohol y por supuesto no se informa sobre el efecto negativo que tiene el alcohol fundamentalmente en los jóvenes, y se informa menos aún sobre el efecto positivo que tiene el no beber alcohol.

Nos encontramos ante un problema de Salud Pública que requiere de un abordaje multisectorial. Mientras tanto, sigue habiendo una tolerancia excesiva y gran facilidad para acceder al alcohol. Es conocido por todos que el ocio generalizado entre los jóvenes es quedar el fin de semana con el fin fundamental de beber sin control, cargados de bolsas con todo tipo de bebidas. Prueba de ello son las situaciones que se producen cada fin de semana o fiesta de pueblo importante y que finalizan en muchos casos con la llegada a las urgencias de los hospitales de jóvenes en situaciones lamentables.

A la hora de brindar con cava el día de Nochebuena, y al haber comentando en la mesa los problemas del alcohol en los adolescentes, mi nieto que tiene 8 años me preguntaba: “si es tan malo el alcohol ¿porque estáis brindando con cava?”. Respondí con los argumentos que me parecieron oportunos, dada su edad, haciéndole ver la diferencia respecto del consumo siendo niño o siendo adulto. Pero tuve la sensación de que no le convencí demasiado, porque el discurso no encajaba con el ejemplo. Y me quedé preocupada pensando que si no damos ejemplo con nuestro hechos  –vivimos en una sociedad en la que todo se celebra con alcohol y cada cien metros hay un bar, taberna o discoteca-, no va a ser fácil que nuestros niños y jóvenes vean problema alguno en el consumo de alcohol.

Ante esta tesitura y en mi opinión, el abordaje de este tema desde la familia es fundamental. Y tiene que acompañarse de la intervención de los centros de enseñanza, con información a edad bien temprana, y a lo largo de todos los estudios de primaria como una asignatura más; del control de la publicidad; del control de la venta… Y una ley restrictiva unida a otras medidas, puede que ayude a los jóvenes a no sentir esa necesidad de salir los fines de semana a emborracharse, porque eso hace que ya se sientan mayores.

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Cuando el consumo de alcohol en nuestra sociedad es algo tan normalizado, es poco probable que la Ley que ha anunciado la Ministra de Sanidad unida a una multa a los padres, cuyos hijos no actúen en consecuencia, sea muy efectiva. Yo creo que una Ley tiene que tener otras pretensiones, y una de ellas es saber quién va a realizar el control del cumplimiento de la Ley en todos sus términos. Una Ley por si misma no vale para nada, si luego no se cumple nada o parte de su contenido. Lo digo con conocimiento de causa.

La situación y las consecuencias del alcohol en los jóvenes ya han llegado a un punto en el que todos nos tenemos que tomar muy en serio el problema. Vamos a confiar en que el 2017 empecemos a poner nuestro grano de arena para tratar de encauzar esta lacra tan arraigada en nuestra sociedad.

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