Vacuna de la gripe y prescripción enfermera

En el último trimestre, la gripe nos ha dado muchos titulares de prensa. Fue en Octubre cuando comenzó la campaña de vacunación y se recordaba a las enfermeras la ilegalidad que supone el vacunar sin la orden de prescripción.Esto dio para algunos titulares sensacionalistas como “guerra entre médicos y enfermeras” y otros que decían que todo era normal, que no pasaba nada y que la campaña transcurría sin problemas.

En Enero, los titulares se han referido al inesperado repunte de la enfermedad, que ha colapsado la mitad de los hospitales de España, obligando a los diferentes servicios sanitarios a contratar más personal y habilitar nuevas camas, entre otras medidas.

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Yo quiero referirme a la “prescripción” en relación con la vacuna. Me ha resultado curioso ver desde la barrera, por un lado, la actuación del personal de enfermería que ha asumido que no tenia otra opción que aplicar la vacuna y por otro, la de los diferentes Servicios de Salud, por las diversas estrategias que han utilizado para que las enfermeras pusiesen las vacunas, tras convencerlas de que era legal su actuación y que en el peor de los casos el Seguro de Responsabilidad Civil del propio Servicio de Salud asumía lo que de ello pudiera derivar (habría que ver si es verdad) y todo ha transcurrido sin pena ni gloria.

En este sentido, es evidente que las enfermeras siguen haciendo lo mismo antes y después de la aprobación de la “Ley del Medicamento” en 2006. El tiempo corre y ya han pasado nada menos que 10 años. La actuación, de “hecho”, siempre ha sido la misma, y de “derecho”, quiero suponer que a partir de 2006, la enfermera ya es consciente de que se actúa de manera ilegal, pero sin embargo, se continúa trabajando igual. Imagino que no se acaban de creer que esa ilegalidad va a tener ningún tipo de repercusión.

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A pesar de la información que se está enviado desde las diversas Instituciones (Colegios, Consejo, Sindicato) sobre la ilegalidad de las actuaciones y de cómo actuar en caso de denuncias por su negativa a actuar sin prescripción, la pregunta que yo me hago es ¿por qué las enfermeras, en general, siguen haciendo caso omiso a todas estas recomendaciones?  ¿Es la presión que han recibido desde los superiores jerárquicos, con amenazas veladas, o ¿es el miedo a la rescisión de los contratos o el miedo a la no renovación de los mismos? o ¿es otra la causa?

En mi opinión, además de que se haya podido vivir presión y miedo, no son las razones fundamentales para que una profesión no asuma, como colectivo, que la situación actual de la prescripción es una cuestión profesional, y que cada enfermera tiene que asumir su responsabilidad individual y actuar en consecuencia. Si así fuera, todo el colectivo actuaría de la misma manera, independientemente de dónde trabaje y sea fijo o eventual. Y esto es lo que da seguridad y fuerza a una profesión, ante la Administración y ante los propios compañeros. Pero estamos a años  luz de que esto ocurra…

El reto que persiste en la profesión de enfermería es una falta de compromiso individual que se traduce en un déficit de poder individual y colectivo. Mientras el grupo no sea poderoso, seguirá siendo una profesión subordinada, a la que, a pesar de haber logrado muchos objetivos, la Administración le sigue tomando el pelo. Creo que hará falta que pase por lo menos una generación para que no sigan pesando las reminiscencias del pasado.

Por eso tengo mis dudas de que esas quince demandas que han realizado los parlamentarios sanitarios al Gobierno para este 2017, entre las que se encuentra que se “regule el Real Decreto y se cumpla la Ley” para garantizar la seguridad jurídica a la hora de indicar medicamentos, se convierta en realidad a corto plazo… Si han pasado diez años, pueden pasar once… o más.

Es una pena que el colectivo de enfermería no utilice su fuerza, aunque no sea más que la de ser el colectivo mayoritario de todas las profesiones sanitarias.

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